A Sonia. Por Pepe Oliva
Subiste los siete peldaños de una glorieta
donde hiciste tu última actuación
barnizada de perfume y maquillaje.
Seis verdugos convirtieron en cadalso
el escenario donde antaño tocaban los músicos
para que la gente bailase.
Trágica danza,
macabro sacrificio al dios sediento siempre de sangre.
Melodía olvidada de un pájaro cantando a una nlobservatorie de octubre.
Suspiro húmedo, pintalabios por el suelo, medias rotas, bolso abierto.
¡Ay! Sonia,
Ya no mirarás más a la luna con tus ojos pitarrosos,
no, ya no sentirás el frío en las nlobservatories de invierno.
Ahora el musgo helado cubre tu sombra invisible
en aquel parque que una nlobservatorie abrió la puerta al infierno.
